Ecolocalización delfines en Loro Parque
Ecolocalización delfines en Loro Parque
EME Actualidad Descubrimiento mundial: un estudio de Loro Parque revela cómo los delfines distinguen el aluminio del plástico solo con el sonido

Descubrimiento mundial: un estudio de Loro Parque revela cómo los delfines distinguen el aluminio del plástico solo con el sonido

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Cuando visité Loro Parque para conocer el caso de Morgan y su cría Teno, Rafael Zamora, director de Loro Parque Fundación, me habló del papel del centro como «punto cero» científico: un lugar donde se generan datos de referencia sobre fisiología animal que no existen en ningún otro sitio. Ahora, un nuevo estudio, publicado en The Journal of the Acoustical Society of America (JASA), es precisamente ese tipo de dato: Loro Parque demuestra por primera vez cómo los delfines mulares distinguen materiales distintos —plástico, aluminio, latón o acero— usando sólo su sonar mientras nadan.

Un equipo internacional liderado por la investigadora Sara Torres Ortiz, con participación de la Universidad del Sur de Dinamarca (SDU) y Loro Parque Fundación, firma el trabajo, titulado «Target discrimination during active swimming in bottlenose dolphins». El hallazgo abre una vía para entender cómo el ruido generado por el ser humano en los océanos interfiere en la supervivencia de estos animales.

Cómo «ven» los delfines con el oído

Los delfines emiten «clics» ultrasónicos y analizan los ecos que rebotan en los objetos para construir, en tiempo real, una imagen mental de lo que les rodea. Es un proceso similar al de un ecógrafo médico, pero biológico y a gran velocidad.

Para demostrarlo, los investigadores entrenaron a Achille y Clara, dos delfines residentes en el centro tinerfeño de Loro Parque, para aproximarse nadando a esferas suspendidas en el agua y seleccionar, sólo mediante el sonido, la del material correcto.  No es la primera vez que este equipo trabaja con ecolocalización aquí: ya en 2023, otra investigación financiada por la Office of Naval Research estudió cómo los delfines distinguen objetos que difieren solo en milímetros, sentando las bases de este nuevo trabajo centrado en el movimiento.

Un sonar más preciso que la vista humana

Gracias a hidrófonos de alta sensibilidad y cámaras subacuáticas sincronizadas, el equipo registró cómo los animales giraban la cabeza, cambiaban de trayectoria y ajustaban sus clics en fracciones de segundo antes de decidir. Achille y Clara participaron de forma voluntaria en cada sesión, entrenados en positivo.

La precisión de este sonar no es menor: estudios previos publicados también en JASA han medido que los delfines mulares pueden discriminar ángulos de apenas 1,5 grados entre dos objetivos, una resolución comparable a la de los murciélagos.

Wolfgang Kiessling, presidente del Grupo Loro Parque, destaca que «este estudio reafirma nuestro compromiso inquebrantable con la ciencia y con la protección de la biodiversidad». Y añadió: «Sin la estrecha colaboración entre nuestro equipo de expertos y los investigadores, descubrimientos de esta magnitud simplemente no podrían producirse«.

El «banco de datos vivo» que ya conocíamos

Durante mi visita al centro, Zamora me explicó que Loro Parque Fundación está conectado al sistema internacional Species360 (ZIMS), la base de datos que comparten cerca de 7.000 zoológicos acreditados en el mundo, y que las tomas de muestras —sangre, orina, jugo gástrico— se hacen siempre de forma voluntaria, sin coacción sobre el animal. Este estudio con Achille y Clara sigue exactamente esa misma filosofía de trabajo que vi aplicada con las orcas Morgan y Teno: ciencia construida sobre la colaboración, no sobre la imposición.

Sara Torres, científica responsable del proyecto, lo confirma con este trabajo: «hemos podido descubrir que los delfines ajustan activamente sus movimientos y la producción de sonido para ‘ver’ la composición de los objetos mientras nadan«. Y añade: «Es fascinante comprobar cómo Achille y Clara utilizan sus clics para obtener información detallada de lo que les rodea. Este conocimiento básico es fundamental para entender cómo los cambios y el ruido en el medio acuático afectan a los cetáceos«.

Delfines y marsopas, sonares distintos

El estudio compara, por primera vez bajo el mismo protocolo, el rendimiento de los delfines mulares con el de las marsopas comunes. Ambas especies exploran de forma similar —girando la cabeza, variando la trayectoria—, pero sus señales sonoras, de frecuencia y estructura distinta, les otorgan capacidades de discriminación diferentes.

Este contraste ayuda a entender cómo la evolución ha moldeado el sonar de cada especie según sus necesidades biológicas y el entorno acústico en el que vive cada una.

La amenaza que motiva la investigación: el ruido humano

Comprender con este detalle cómo los cetáceos perciben su entorno tiene una aplicación directa en conservación: permite anticipar cómo el ruido submarino de origen humano —tráfico marítimo, obras, prospecciones sísmicas— interfiere en su capacidad para localizar alimento, orientarse o comunicarse.

No es un riesgo menor. Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), el ruido submarino es uno de los once descriptores del buen estado ambiental exigidos por la Directiva Marco sobre la Estrategia Marina de la UE, ya que el ruido desorienta a estos animales y puede provocarles graves problemas.

Financiación internacional y aplicación real

El estudio ha sido financiado por la Office of Naval Research, el Human Frontiers Science Program y la Fundación Carlsberg. La preocupación por el ruido marino no es exclusiva de Canarias: en Baleares, el proyecto LIFE INTEMARES del MITECO hpa analizado recientemente el impacto acústico del tráfico náutico sobre los cetáceos en espacios protegidos de la Red Natura 2000, un ejemplo de cómo hallazgos como el de Achille y Clara ya se traducen en medidas de gestión concretas.

Achille y Clara han dejado clara una cosa: su sonar puede distinguir un objeto de otro por su composición, en milésimas de segundo, con una fiabilidad que ningún sensor humano iguala todavía.

Lo que hoy es un experimento con esferas de aluminio y plástico en una piscina de Tenerife, que sólo podría realizarse en un centro tan completo como es Loro Parque, mañana puede ser la diferencia entre entender —o no— por qué una población de delfines deja de encontrar comida en un mar cada vez más ruidoso. La avería, si llega, no será de su sonar: será del silencio que nosotros no hemos sabido devolverle al océano.

Written by
Leonor Rodríguez -

Periodista con más de 17 años de experiencia en el sector de la comunicación. Redactora jefa en El Mundo Ecológico y responsable de comunicación en administración local.

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