Con el primer eclipse solar total visible desde la península en más de un siglo a la vuelta de la esquina, el sector turístico empieza a mirar al cielo nocturno como un activo que hay que proteger, no sólo contemplar. La franja de totalidad cruzará el país de oeste a este el miércoles 12 de agosto, desde Galicia hasta Baleares. Este hito histórico ha disparado el interés por los destinos con cielos oscuros, dando voz a la lucha del turismo sostenible contra la contaminación lumínica.
En ese contexto, la organización internacional DarkSky International y el promotor turístico Red Sea Global han presentado esta semana la primera certificación mundial para resorts comprometidos con la protección del cielo nocturno, el DarkSky Approved Lodging & Resort. Es sólo un ejemplo, pero ilustra una tendencia que va mucho más allá de un sello concreto: el turismo sostenible empieza a tomarse en serio la noche como el último ámbito medioambiental que quedaba por regular.
Turismo sostenible contra la contaminación lumínica, un problema que crece un 10% al año
La contaminación lumínica no es un capricho estético El brillo artificial del cielo aumenta a un ritmo del 10% anual en todo el planeta, y ya más del 80% de la población mundial vive bajo un cielo iluminado artificialmente —99% en Europa— según Naciones Unidas.

España no es una excepción: es uno de los países más iluminados de Europa y gasta más de 1.000 millones de euros al año en alumbrado público. Un estudio de 2023 del investigador Christopher Kyba (Centro Alemán de Investigación en Geociencias de Potsdam) elevó la cifra de crecimiento anual del brillo nocturno hasta el 9,6%.
La fauna que paga la factura
Millones de aves migratorias mueren cada año desorientadas por la luz artificial, según la ONU, que ha impulsado directrices específicas dentro de la Convención sobre Especies Migratorias. Un estudio de 2017 publicado en Science Advances concluyó que la contaminación lumínica amenaza al 30% de los vertebrados y a más del 60% de los invertebrados nocturnos del planeta.
Las crías de tortuga marina son uno de los casos más citados: se orientan hacia el mar guiándose por el reflejo de la luz natural del cielo en el agua, y las luces artificiales pueden desviarlas tierra adentro. Es precisamente el argumento que Red Sea Global usa para justificar su apuesta por una iluminación responsable, dando la razón al turismo sostenible que lucha contra la contaminación lumínica.
El astroturismo, un mercado que ya no es de nicho
El mercado mundial del turismo de cielos oscuros se valoró en 1.450 millones de dólares en 2024 y crece a un ritmo del 11,7% anual, con previsión de alcanzar los 4.000 millones en 2033. El segmento de lujo crece aún más rápido: 14,2% interanual.
El interés del viajero medio lo confirma: según Booking.com, un 62% de los viajeros declara interés por destinos con cielos oscuros y experiencias de «nocturismo». El eclipse del 12 de agosto puede actuar como catalizador de esa demanda en España este verano.
España, laboratorio de cielos protegidos
España cuenta con un entramado propio de protección del cielo nocturno, anterior y paralelo al de DarkSky. La Fundación Starlight, impulsada por el Instituto de Astrofísica de Canarias y la UNESCO desde 2007, certifica Reservas y Destinos Starlight en territorios como Fuerteventura o La Palma.
A nivel normativo, Cataluña fue pionera con la Ley 6/2001 de protección del medio nocturno, y hoy el Reglamento europeo de restauración de la naturaleza (UE 2024/1991) reconoce que la luz artificial perjudica la biodiversidad y faculta a los Estados miembros a corregirla.
Lo que dice la certificación de Red Sea Global
Desert Rock y Nujuma, a Ritz-Carlton Reserve, ambos en el Mar Rojo saudí, son los primeros complejos del mundo certificados bajo el nuevo programa DarkSky Approved Lodging & Resort, una extensión del sello que existía desde 2023 pero no contemplaba las necesidades operativas de los grandes resorts.

«En Red Sea Global integramos la iluminación responsable en cada fase del desarrollo para proteger la integridad ecológica del entorno nocturno«, afirmó Raed Albasseet, director general de Medio Ambiente y Sostenibilidad de Red Sea Global, quien defendió que reducir el impacto lumínico «no sólo protege la biodiversidad y los procesos ecológicos, sino que también enriquece la experiencia de los huéspedes«.

Por parte de DarkSky, su director ejecutivo, Ruskin Hartley, señaló que el compromiso de Red Sea Global permitió desarrollar «un conjunto de buenas prácticas de iluminación específicamente adaptadas a los resorts, sin renunciar a los exigentes estándares de DarkSky«.
Conviene situar el anuncio en su contexto: se trata de un desarrollo turístico de gran escala levantado en una zona hasta ahora virgen del Mar Rojo, por lo que la certificación gestiona el impacto lumínico de una infraestructura nueva, donde antes no había nada.
De una manera o de otra, el eclipse del 12 de agosto, con una totalidad de apenas uno o dos minutos según la localidad, será probablemente el mejor recordatorio que tendremos este año de por qué merece la pena proteger esos cielos que el turismo empieza, por fin, a cuidar.
