Morgan y Teno juntas bajo el agua. Dos de las orcas de Loro Parque
Morgan y Teno juntas bajo el agua. Dos de las orcas de Loro Parque
EME Actualidad Un día junto a Morgan y su cría: por qué Loro Parque quiere rescatar a las dos últimas orcas de Francia

Un día junto a Morgan y su cría: por qué Loro Parque quiere rescatar a las dos últimas orcas de Francia

Share
Share
Agua filtrada, pescado certificado y un informe que nadie puede ver. En el Mundo Ecológico hemos viajado al centro que quiere acoger dos orcas para conocer de primera mano su modelo de bienestar animal. En mitad del debate sobre las orcas en Europa, visitamos Loro Parque para descubrir desde dentro qué les hace diferentes. 

Llegué a Puerto de la Cruz para ver, con mis propios ojos, cómo se cuida a las orcas en el centro que se ha convertido en el epicentro de un debate europeo.

Estoy de pie junto al borde de Orca Ocean, la instalación marina de Loro Parque donde cuatro orcas conviven bajo cuidado humano en lo que el propio parque define como su Embajada Animal. Renée, cuidadora neerlandesa con formación en biología marina, lleva su traje de neopreno y una sonrisa orgullosa cuando me advierte: «Cuidado, que Teno está muy juguetón hoy.» No me da tiempo a apartarme antes de recibir el primer salpicón del día del vapor de su espiráculo. Y entonces lo veo: una cría de orca de algo más de un año y dos meses, de un negro y blanco impecable, que acaba de mojarnos con toda la energía y alegría de quien no tiene aún noción de su propio tamaño. Morgan, su madre, observa a pocos metros, con una placidez serena de quien ya ha visto mucho. Madre e hijo.

Morgan y Teno forman parte de los cuatro cetáceos que habitan este centro internacionalmente reconocido en el tinerfeño Puerto de la Cruz. Cuatro orcas que podemos ver en primera persona cómo son cuidadas, queridas y tratadas. Nadan felices y tranquilas, totalmente ajenas a la polémica que se libra a 2.270 kilómetros: el posible traslado de otras dos orcas, Wikie y Keijo, desde la cerrada Marineland Antibes, en Francia.

El bienestar como argumento central

Que Teno me salpique resulta ser, sin quererlo, la mejor introducción posible a lo que voy a ver a continuación. Porque la escena —la cría jugando, la madre vigilando a distancia, los cuidadores trabajando en plena sintonía con los animales— es exactamente la que Loro Parque lleva meses tratando de explicar a un Gobierno español que todavía no ha dado su visto bueno para recibir a Wikie y Keijo, las dos orcas que llevan más de un año atrapadas en el clausurado Marineland de Antibes.

Cuando les pregunto por el espacio disponible, Renée es tajante: «hay espacio suficiente en Loro Parque para acoger, como poco, otras tres orcas más». Pero Loro Parque no se contenta con eso, les construiría otra piscina sólo para Wikie y Keijo para asegurar su bienestar y perfecta aclimatación a su nuevo hábitat. Renée lo deja claro: «esto es mucho más que un zoo, aquí trabajamos más allá del bienestar animal; los rescatamos, los observamos y estamos en permanente colaboración con Loro Parque Fundación para reintroducir animales y salvar especies de la extinción».

Todo lo que este dúo de cuidadores hace con las orcas es, sin excepción, voluntario. No hay coerción, no hay privación de alimento como herramienta de adiestramiento, no hay obligación. Lo aclara Renée: «En el momento que vemos que el animal no quiere colaborar, que está con el bebé o tiene otras cosas en mente, simplemente paramos. Vale, ahora no es el momento.» Este principio, que suena a sentido común, tiene en realidad implicaciones veterinarias enormes: porque cuando el animal sí colabora, los datos que se obtienen —muestras de sangre, de orina, de jugo gástrico, de aire respiratorio— son datos reales, tomados sin estrés, que no podrían obtenerse de ninguna otra manera.

El caso de Morgan: la ciencia detrás de un rescate

La historia de Morgan es la columna vertebral del argumentario del parque. Fue rescatada en 2010 cuando estaba varada y en estado crítico en el mar de Wadden, en la costa holandesa, cuando era apenas una cría desnutrida y sola. Un comité de expertos independientes determinó que no podía volver al océano.

Tras cuidar de ella descubrieron que Morgan es sorda. Ese diagnóstico obligó al equipo a rediseñar la comunicación con señales gestuales y un sistema propio basado en luces, que el resto de orcas también aprendió a interpretar. Por eso, se convirtió en uno de los casos más estudiados del planeta en lo que respecta al aprendizaje no acústico en cetáceos. Hoy, quince años después, es madre de Teno.

Teno nació el 31 de marzo de 2025, de cabeza —un acontecimiento rarísimo en cetáceos— y en un parto nocturno que el equipo del parque siguió minuto a minuto.

Teno en pleno juego
Teno en pleno juego

Fran, el otro cuidador, con más de dos décadas trabajando con distintas especies, me lo explica mientras observamos cómo Teno intenta aproximarse de nuevo a nosotros: «Morgan es impresionante. Cuando fue rescatada y se descubrió que era sorda, pensamos que sería muy difícil el día a día con ella. Pero ella es capaz de responder de la misma manera que el resto, incluso de una manera más avispada todavía, porque ha desarrollado otros canales.» Hace una pausa. «Verla con Teno es lo más bonito que hemos visto aquí.«

Mientras hablo con ellos, Teno mama. Lo hace con la naturalidad de quien no sabe que hay ojos mirándole. Y Morgan lo deja, y lo protege, y lo observa. «Que las orcas se reproduzcan y que la cría sobreviva es, para nosotros, la señal más clara de bienestar«, afirma Fran. «No puede haber algo que funcione mejor en un animal que el hecho de que cuide de su cría, que desarrolle ese vínculo, esos comportamientos naturales.«

Un programa de enriquecimiento

Fran me explica que el bienestar, para ellos, no se acaba en lo veterinario: «no sólo se basa en satisfacer sus necesidades biológicas y en el control veterinario, va mucho más allá». Además, cada mes les realizan análisis de sangre, heces, orina y jugo gástrico para asegurar que están sanas.
Renée lo completa: «contamos en Loro Parque con un equipo de expertos en bienestar con el que tenemos un programa de enriquecimiento en el que se valora el bienestar físico, sensorial, nuestra relación con ellas y el estado óptimo de las instalaciones».
Lo compruebo en directo. Los cuidadores ofrecen a Morgan y Teno hielo, gelatina y pescado mientras nadan y juegan con ellos. Después, Teno se pone a mamar tranquilamente de su madre como cada día. Una imagen que jamás olvidaré.

Pescado mejor que el de un restaurante

El detalle alimentario me sorprende. El pescado que reciben —arenque, calamar, capelán— es de captura controlada en Noruega y Canadá y pasa analíticas previas. «Queremos que el pescado sea mejor a lo de consumo humano», me explican.

Esa exigencia conecta con un argumento que pesa en el debate francés: la calidad del agua. El equipo filtra y retira los tóxicos del agua marina que entra directamente del Atlántico, algo que, sostienen, ningún punto del mar abierto puede garantizar hoy, tal y como se está viendo con otros casos de orcas «rescatadas».

El debate que nadie quiere simplificar

Mientras vemos cómo estas orcas están felices y cuidadas, Wikie —24 años— y su hijo Keijo —12— siguen en los tanques vacíos de Marineland, un parque que cerró definitivamente a principios de 2025 después de que el Gobierno francés prohibiera los espectáculos con cetáceos. El ministro delegado de Transición Ecológica de Francia, Mathieu Lefèvre, ya ha dado el visto bueno al traslado. Lo que falta —lo único que falta— es la autorización de España.

Cuando le pregunto a Fran si Loro Parque está preparado para recibir dos orcas más, su respuesta es directa: «Estas orcas están viviendo en el agua de mejor calidad posible. Todo pasa por filtración, quitamos los tóxicos, todo lo que podría afectar a su bienestar y a su salud. Si se hace un santuario en el mar ahora mismo, no hay ningún sitio donde el mar esté bien. Si pones estos animales, que no están acostumbrados a esa cantidad de bacterias del agua marina, pueden morir solo por eso.» Y añade algo que me impacta: «Yo he trabajado en centros de rescate. Estos animales tienen mucha relación con las personas. Si los mandas a un sitio sin ese vínculo, sin ese refuerzo… lo van a pasar muy mal. Suena bonito. Pero hay a veces que se toman decisiones antes de buscar soluciones.»

Renée apunta al caso de la única experiencia comparable que existe: el intento de trasladar belugas de Shanghai a un supuesto santuario marino en Canadá. «No funcionó. En menos de tres meses los animales desarrollaron úlceras y el proyecto fue un fracaso.» Y luego hay otro precedente que todos en Loro Parque recuerdan: el de Keiko, la orca de la película Free Willy, liberado en el Atlántico Norte y que murió de neumonía poco después, buscando el contacto humano, siguiendo barcos, buscando un pescado que alguien le diera. «Eso fue muy triste«, afirma con tristeza Renée, y no hace falta que añada nada más.

Bienestar certificado, no sólo declarado

El relato de los cuidadores no se sostiene sólo en la palabra. No soy la primera en venir aquí con preguntas. Y Loro Parque lo sabe. Por eso me muestran los avales externos, independientes, que certifican que lo que se practica aquí cumple —y supera— los estándares internacionales de bienestar animal.

El primero y más llamativo: Loro Parque fue el primer zoológico de Europa en obtener el certificado de bienestar animal de American Humane—hoy conocida como Global Humane, la mayor certificadora de bienestar animal del mundo— en 2017. Y acaba de renovarlo en 2026. La renovación no es automática; requiere pasar una inspección exhaustiva que evalúa no sólo las instalaciones, sino los protocolos, los registros, la formación del personal y la evidencia científica de bienestar. La calificación obtenida en la última auditoría fue del 100%.

A eso se suman las acreditaciones de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA), la Asociación de Zoos y Acuarios de Estados Unidos (AZA), la Asociación Ibérica de Zoos y Acuarios (AIZA) y la Asociación Europea de Mamíferos Acuáticos (EAAM) y las auditorías independientes de TÜV Rheinland bajo normas ISO 14000, ISO 9000, EMAS y Biosphere.

El reconocimiento de WAZA —la Asociación Mundial de Zoos y Acuarios— como el zoológico más sostenible del mundo, galardón entregado en San Diego. Y las inspecciones del SEPRONA, que en cada visita han concluido que las orcas se encuentran en perfecto estado de bienestar y que el parque cumple con toda la normativa europea y española.

El conflicto: Wikie y Keijo

Pero la realidad es que, a pesar de todas las certificaciones, Wikie, de 24 años, y su hijo Keijo, de 12, siguen en Antibes esperando una respuesta de España que no llega. Nacidos en cautividad, no pueden ser liberados al océano.

El traslado, si llega, depende de tres factores. El primero, el más urgente, es el vaso de Marineland: los análisis apuntan a que está al final de su vida útil, con riesgo de fallo estructural. El segundo es la ventana climática: si no se ejecuta a finales de junio ya habría que esperar a después del verano. El tercero mezcla la batalla política, la ideológica y la del bienestar animal, con científicos, ministerios y grupos animalistas en juego.

Christoph Kiessling lo dijo con una claridad que no deja margen para la ambigüedad: «Lo hacemos porque sabemos cuidar de estos animales y porque queremos evitar que Wikie y Keijo mueran en Francia sin una alternativa real».

Wolfgang Kiessling fue más lejos: «Los invito a todos a decir dónde poner las orcas. Dónde están estos santuarios de los que hablan. Porque nosotros los hemos buscado. Y no existen

El informe CITES que nadie puede ver

El nudo administrativo es un informe de la Autoridad Científica española —el CSIC— contrario al traslado, ya que afirma considerar Loro Parque un destino inadecuado a pesar de colaborar con ellos en multitud de proyectos. La Dirección General de Biodiversidad del MITECO ejerce la autoridad administrativa.

Loro Parque ha reclamado ese informe vía Portal de Transparencia y se le ha denegado el acceso, alegando límites por funciones de control e intereses económicos y comerciales. La institución exige conocer los argumentos en contra y duda de su existencia.

Lo que más me sorprende de Wolfgang Kiessling —fundador de Loro Parque y presidente del Grupo Loro Parque, que comenzó hace más de cinco décadas con poco más de cien loros y la intuición de que el clima de Tenerife podía sostener cualquier especie— es su serenidad. No está furioso. Está convencido. Y hay una diferencia. Por eso no se anda con rodeos sobre lo que llama un «informe fantasma». Su pregunta resume la posición del parque. «¿Por qué no enseñan el informe? Porque saben que nuestras instalaciones son las mejores del mundo», concluye.

Junto a su hijo Christoph Kiessling, presidente de la Fundación, sostienen que el visto bueno estatal no es obligatorio, pero sí una garantía frente a las demandas de los grupos animalistas que hacen campaña contra el traslado.

«No ganamos un euro más»

El argumento económico también lo niegan de plano, como ya recogimos en nuestro periódico en la anterior entrevista con Wolfgang Kiessling. Vuelve a afirmar que «la operación es una cuestión de responsabilidad, no de negocio. No ganamos un euro más por tener seis orcas en lugar de cuatro. Lo hacemos por responsabilidad moral, técnica y profesional. Lo hacemos porque sabemos cuidar de estos animales. Nuestra voluntad es salvar la vida de estos animales y rescatarlos de un destino fatal. Invitamos al Gobierno español a sumarse a este esfuerzo brindando la seguridad técnica y jurídica necesaria. Sólo eso. No pedimos dinero. No pedimos reconocimiento. Pedimos que nos dejen hacer lo que sabemos hacer.»

Y cuando le pregunto si cree que el bloqueo de Madrid es ideológico, no esquiva la respuesta: «Creo que tienen miedo de la ola de protestas que viene de parte de los ecologistas. Pero hay que hacer las preguntas correctas. Anualmente 300.000 cetáceos marinos mueren en las redes de la pesca industrial. ¿Cuántos de esos animalistas han ido al supermercado con un cartel diciendo que no compres este pescado?»

La cifra que cita Kiessling no es una invención: WWF y la Convención sobre las Especies Migratorias (CMS) estiman que más de 300.000 cetáceos mueren cada año como captura accidental de la pesca comercial. El número convive en silencio con una narrativa pública en la que el foco está puesto en los cetáceos en cautividad, no en los que mueren invisibles en alta mar.

Christoph añade otro dato que tampoco suele aparecer en los debates sobre ONGs animalistas: «Hay organizaciones registradas en Estados Unidos —donde la transparencia financiera es obligatoria por ley— que captan dinero con imágenes de animales y destinan apenas el 2% de esos fondos a los propios animales.» Y contrasta: «En Loro Parque Fundación, el 100% de las donaciones van a los animales. El parque paga todos los gastos operativos de la Fundación

Sobre la alternativa del santuario marino, padre e hijo son rotundos: no existe un lugar seguro. El proyecto canadiense acumula retrasos y los intentos con belugas no han funcionado. «El Gobierno francés los buscó y no los encontró. Es una opción sin fundamento y sin razón. Ningún científico de este planeta avala que una orca nacida bajo cuidados humanos pueda sobrevivir por su cuenta en libertad», afirma Wolfgang Kiessling.

La sala del TAC y la innovación de la Fundación

Cambio de escenario para que Rafael Zamora, director de Loro Parque Fundación, me explique de primera mano cómo funciona el TAC para animales que tienen en Loro Parque. Aquí las cifras abruman y las «primeras veces» se acumulan.

Este escáner de tomografía computarizada supuso una inversión superior a los 375.000 euros y permite observar con detalle órganos, vasos sanguíneos, huesos y tejidos blandos sin someter al animal a una cirugía exploratoria. Zamora lo enseña con orgullo: no sólo diagnostica, también nutre el banco de datos que la Fundación usa para recuperar especies. «Es único en este nivel de uso zoológico«, explica. «Nos permite diagnosticar sin someter al animal a ningún proceso invasivo.«

Rafael Zamora junto al monitor del escáner TAC, en la sala donde se realizan las tomografías a los animales de Loro Parque
Rafael Zamora junto al monitor del escáner TAC, en la sala donde se realizan las tomografías a los animales de Loro Parque

Rafael Zamora lleva décadas trabajando con aves, y su visión del papel de los parques zoológicos modernos es la de alguien que ha visto el sistema desde dentro y desde fuera. Habla con la precisión de quien está acostumbrado a que sus datos sean cuestionados. Y los datos son, en efecto, impresionantes.

Una base de datos para 7.000 zoológicos

Loro Parque Fundación gestiona la mayor reserva genética de loros del mundo. Conectados al sistema internacional Species360 (ZIMS), —una base de datos compartida por cerca de 7.000 zoológicos acreditados en todo el planeta—, tienen registrados más de 40.000 animales, con cerca de mil nuevos ejemplares añadidos cada año. «Nadie tiene esa producción«, dice Zamora sin falsa modestia. «Ningún zoológico del mundo.»

Pero lo que me cuenta a continuación me parece el corazón de todo lo demás. «Nosotros somos el punto cero«, explica. «Cuando un animal salvaje cae en el mar o muere en la naturaleza, con frecuencia no tienes valores de referencia. No sabes qué es normal. Nosotros podemos decirte cuál es la capacidad pulmonar normal de una orca sana. Cuáles son sus valores de sangre en condiciones de bienestar real. Si una orca queda varada, los veterinarios necesitan saber eso. Y nadie más tiene esos datos.«

Además, el parque ha creado el primer puesto de Responsable de Bienestar Animal de España, una especialidad que hoy sólo existe en cuatro centros del país. La medicina preventiva es clave, y la confianza de los animales aún más: «extraer sangre a un animal de varias toneladas sólo es posible con un vínculo de confianza absoluta«, afirma Zamora. Y él tiene claro que se ha ganado la confianza de ellos desde hace muchos años.

Del guacamayo de Spix al de Lear

El relato de conservación que me hace Zamora tiene épica. Su logo, el guacamayo de Spix, se extinguió en la naturaleza en el año 2000 y la Fundación crió en Tenerife el primer ejemplar nacido en cautividad de toda Europa. Ahora sobrevive gracias a programas en los que la institución fue pieza clave.

«Loro Parque paró el mundo tres horas salvando 18 especies de su extinción», afirma Rafael Zamora. La historia del Spix tuvo, además, un final de película: en junio de 2022 volvió a volar en la Caatinga brasileña, más de dos décadas después de desaparecer de la naturaleza.

Por otro lado, el caso del guacamayo de Lear también es de los más elocuentes. Más de tres millones de dólares invertidos en el loro orejiamarillo de Colombia y Ecuador. Cincuenta y cinco ejemplares del guacamayo de Lear criados en Tenerife desde que llegaran dos parejas de Brasil en 2006 —que llevaban más de diez años sin poner un huevo y que aquí pusieron el primero a los siete meses—. Veintidós de esos ejemplares retornados a Brasil. Once reintroducidos en la naturaleza. Dos parejas que ya crían por sí solas en los acantilados de Caatinga, sin ayuda humana.

La población salvaje de esta especie pasó de apenas unas decenas de ejemplares a superar los 1.200, lo que llevó a la UICN a rebajar su categoría de «en peligro crítico» a «en peligro».

Otro ejemplo son las cacatúas de Australia: Loro Parque tiene la mayor representación del mundo. Ni siquiera Australia la tiene. El Gobierno australiano —que lleva décadas con las exportaciones cerradas— confió en que aquí podían reproducirse y mantenerse. Y así fue y es.

La importancia de los datos

Zamora me cuenta todo esto con la velocidad de alguien que podría seguir horas, porque hay horas más de historia. Me habla de las investigaciones con dispositivos de reconocimiento a distancia para identificar individuos en el mar, de los estudios de fisiología comparada entre orcas en cautividad y en libertad, de las tomas voluntarias de muestras que permiten construir ese «punto cero» de referencia que tanto necesita la biología marina.

Pero lo que más me impacta es cuando me habla del loro orejiamarillo y de lo que tuvieron que hacer para salvarlo: escribirle al Papa. Con datos científicos. Pidiendo una encíclica para que los párrocos colombianos dejaran de usar hojas de la palmera de cera —el único hábitat de cría de ese loro— en el Domingo de Ramos. «Y Juan Pablo II respondió«, dice Zamora. «Se mandó la carta a Colombia. Se cambió la costumbre y ahora se usan otras palmas, como la iraca.» Hace una pausa. «A veces la conservación es así».

Mi conclusión, después de dos días

Tras un día entre orcas, loros y certificaciones, salgo de Loro Parque con una certeza incómoda: el debate sobre las orcas en cautividad rara vez se hace mirando a los ojos al animal concreto. Yo lo hice, y la fotografía es más matizada de lo que cabe en un titular.

No me corresponde dictar sentencia sobre Wikie y Keijo; esa decisión es de las autoridades científicas y de bienestar. Pero sí puedo contar lo que vi: una cría sana mamando, un equipo que se detiene cuando el animal no quiere y un centro que se reclama «punto cero» de la ciencia que algún día podría salvar a las orcas que aún nadan libres. Esa contradicción —cuidar en cautividad para proteger en libertad— es, quizá, la gran pregunta del medioambiente de nuestro tiempo.

Pero tengo algo claro: Loro Parque está haciendo, en realidad lleva décadas haciéndolo, algo que merece ser contado con rigor y sin simplificaciones. Lo he visto aquí en primera persona —las certificaciones, los protocolos, la ciencia, el vínculo entre los animales y sus cuidadores, los datos de bienestar fisiológico recogidos de forma voluntaria— no es propaganda. Es trabajo. Décadas de trabajo silencioso que no ha necesitado de campañas de marketing porque ha estado ocupado conservando especies. Y lo peor es que mientras el debate se alimenta de eslóganes y de emociones legítimas pero mal dirigidas, Wikie y Keijo pasan otro día, y otro, en los tanques de un parque que ya no es un parque.

Written by
Leonor Rodríguez -

Periodista con más de 17 años de experiencia en el sector de la comunicación. Redactora jefa en El Mundo Ecológico y responsable de comunicación en administración local.

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad