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Inclusión: la sostenibilidad social que Europa consolida

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Bruselas ha acogido la entrega de los European Capitals of Inclusion and Diversity Award 2026, una iniciativa de la Comisión Europea que reconoce a ciudades, pueblos y regiones de la Unión Europea por sus políticas de inclusión, diversidad y lucha contra la discriminación. La nueva sostenibilidad social.

En esta quinta edición, los premios han distinguido a municipios de Bélgica, Hungría, Italia, Países Bajos y España que están aplicando la sostenibilidad social.

Tres ciudades españolas premiadas en sostenibilidad social

Entre los reconocimientos más destacados figuran tres localidades españolas: Errenteria, Orio y San Xoán de Río, premiadas en la categoría de autoridades locales con menos de 50.000 habitantes. Errenteria recibió además el máximo reconocimiento en la categoría específica dedicada a la construcción de mercados laborales inclusivos.

Más allá de los nombres premiados, la edición de este año deja una lectura relevante: Europa consolida la inclusión no sólo como un valor social, sino como una condición estructural para construir territorios sostenibles.

Durante años, lo ecológico se ha asociado principalmente a la protección del medioambiente, la transición energética, la movilidad limpia o la gestión responsable de los recursos naturales. Pero una sociedad sostenible no puede medirse únicamente por sus indicadores ambientales. También debe preguntarse quién puede vivir en ella con dignidad, quién accede al empleo, quién queda fuera de los sistemas de decisión, quién participa en la vida comunitaria y qué grupos siguen encontrando barreras para desarrollar su proyecto vital. Esa es la sostenibilidad social.

La sostenibilidad del futuro no será sólo ambiental.

Será también humana, cultural y democrática. Este cambio de enfoque se refleja en el tipo de políticas reconocidas por la Comisión Europea. 

Errenteria ha sido premiada por su compromiso con la diversidad cultural y por sus iniciativas dirigidas a personas migrantes, comunidad LGBTIQ+, mujeres, personas con discapacidad y personas mayores. También ha sido distinguida por entender el acceso al empleo como una vía esencial de inclusión social. 

GOLD AWARD
GOLD AWARD

Orio, por su parte, ha recibido reconocimiento por su estrategia “Bizitza Askeak Plazer”, orientada a apoyar a personas migrantes, mujeres, personas LGBTIQ+, mayores y personas con discapacidad. La Comisión Europea también ha destacado sus iniciativas dirigidas a quienes pueden sufrir exclusión en el mercado laboral local, con especial atención a mujeres migrantes en la economía de los cuidados.

SILVER AWARD
SILVER AWARD

Inclusión y sostenibilidad social

Estos ejemplos muestran que la inclusión ya no se entiende únicamente como asistencia social, sino como diseño institucional, planificación local y capacidad de anticipar desigualdades. Es en los municipios donde los grandes principios europeos se convierten —o no— en experiencia cotidiana: acceso a una entrevista de trabajo, participación en la vida del barrio, reconocimiento de derechos, servicios públicos accesibles y espacios donde las personas puedan sentirse parte.

En el caso de Orio, la candidatura se ha apoyado en proyectos que conectan tradición, participación, igualdad y comunidad. Entre ellos figuran la Parrilla Festa, orientada a reinterpretar y hacer sostenible una tradición local; una estrategia compartida contra las violencias; y Saregile, un espacio comunitario para políticas de igualdad, apoyo, empoderamiento y participación sociopolítica de las mujeres.

Cuando la sostenibilidad también se construye desde la cultura

La conexión entre patrimonio, cuidados, economía local y convivencia apunta a esta idea cada vez con más fuerza.

El debate adquiere además una nueva dimensión en un contexto marcado por la inteligencia artificial, la automatización y el uso creciente de datos en la toma de decisiones públicas y privadas. Muchas decisiones que afectan a la vida de las personas —acceso al empleo, selección de perfiles, asignación de recursos o prestación de servicios— empiezan a estar mediadas por sistemas tecnológicos.

Esto obliga a ampliar la conversación sobre inclusión. Ya no basta con preguntarse qué políticas se diseñan, sino cómo se toman las decisiones, con qué datos, bajo qué criterios, con qué sesgos y con qué mecanismos de responsabilidad.

La incursión de la inteligencia artificial

La ética de la inteligencia artificial no es un asunto técnico separado de la vida social. Es una cuestión de derechos fundamentales. Si los sistemas que utilizamos para decidir reproducen desigualdades, invisibilizan culturas o penalizan trayectorias migrantes, edades, géneros o formas no normativas de habitar el mundo, la tecnología no estará acelerando el futuro: estará automatizando viejas exclusiones.

Ahí la inteligencia cultural se vuelve clave. No como una habilidad blanda, sino como una competencia democrática y estratégica. Permite comprender cómo el origen, la lengua, la edad, el género, la discapacidad, la religión o la experiencia migratoria influyen en el acceso real a oportunidades, servicios e instituciones.

También ayuda a evitar una falsa neutralidad: pensar que una solución aparentemente universal sirve para todas las personas de la misma manera. La neutralidad, cuando no incorpora contexto, puede convertirse en una forma silenciosa de exclusión.

La importancia de la inclusión real

La gran enseñanza de estos premios es que la inclusión no puede seguir tratándose como un área secundaria de las políticas públicas. Forma parte del corazón de la sostenibilidad. Una sociedad que excluye desperdicia talento, rompe vínculos y debilita la confianza institucional. Una sociedad que incluye, en cambio, amplía su inteligencia colectiva.

Quizá ha llegado el momento de hablar de una verdadera ecología de la convivencia: una mirada que no sólo proteja los ecosistemas naturales, sino también los ecosistemas humanos; los vínculos, los cuidados, la participación, la diversidad cultural, la justicia social y los derechos fundamentales.

Europa parece reconocerlo con claridad creciente. El futuro sostenible no se construirá únicamente con ciudades más verdes, también lo debe ser con ciudades más justas, más inteligentes culturalmente y más capaces de garantizar que nadie quede fuera.

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