El parque nacional manchego, Las Tablas de Daimiel, se incorpora a la red nacional de centros de reproducción del ave más amenazada del paleártico occidental: la focha moruna. La especie, de la que la Lista Roja Europea de Aves 2021 estima entre 42 y 90 ejemplares maduros reproductores en todo el continente, tendrá en el humedal manchego su tercer y más simbólico refugio. Así, el humedal más resiliente de Europa reactiva su papel como santuario de aves. Recordemos que el año pasado registró el mejor censo de aves desde 1980. La decisión llega en el mejor momento posible: el parque atraviesa su mayor recuperación hídrica y biológica con más de 1.300 hectáreas inundadas de sus 1.750 hectáreas encharcables.
El Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel se convertirá en uno de los tres centros de cría en cautividad de la focha moruna (Fulica cristata) en España. La decisión se tomó en una reciente reunión del grupo de trabajo sobre aves acuáticas amenazadas, y supone un paso decisivo para salvar a una especie que la Lista Roja Europea de Aves 2021 sitúa al borde del colapso en el continente.

Así lo explicó el director del parque, Carlos Ruiz de la Hermosa, quien detalló que en ese encuentro se analizó de forma monográfica la situación de varias especies en riesgo —entre ellas la cerceta pardilla, la malvasía cabeciblanca y el porrón pardo— y se acordó reforzar los programas de cría en cautividad. La última vez que la focha moruna crió de forma natural en el parque fue en 2013.
Un trío para salvar una especie: la focha moruna
Daimiel se sumará así a la Cañada de los Pájaros (Sevilla) y al Centro de Recuperación de Fauna de El Saler (Comunidad Valenciana) como los tres pilares del programa nacional de recuperación. Ruiz de la Hermosa advirtió que el proyecto «se encuentra todavía en una fase inicial«, ya que la principal dificultad es la escasez de ejemplares reproductores disponibles para iniciar la cría.
La ampliación de las instalaciones del parque permitirá, en cualquier caso, diversificar las especies con las que se trabaja y reforzar su papel dentro de las redes científicas de gestión de fauna amenazada. La iniciativa se encuadra en la Estrategia para la conservación de la cerceta pardilla, la focha moruna y la malvasía cabeciblanca en España, aprobada por el Ministerio de Transición Ecológica.

La focha moruna: el ave con cuernos rojos que casi desapareció
La focha moruna es un ave acuática que a simple vista se confunde con la focha común, pero que luce dos llamativas protuberancias rojizas sobre el escudete frontal, especialmente visibles en época nupcial. Esta característica distintiva no la ha salvado de una historia de declive dramático: en los años noventa, su población española quedó reducida a unas pocas parejas en lagunas gaditanas, prácticamente extinguida.

Hoy, la situación sigue siendo crítica. Según SEO/BirdLife, España comparte con Marruecos el único núcleo reproductor del paleártico occidental, lo que convierte a este humedal manchego en un enclave de relevancia global. La caza por confusión con la focha común —especie cinegética— y la pérdida de hábitat siguen siendo sus principales amenazas.
Tablas que renacen de la mano de la focha moruna
Este anuncio llega en un momento extraordinario para el humedal. Según informamos desde El Mundo Ecológico, en 2025 el parque registró el mejor censo de aves acuáticas reproductoras desde 1980, con récords históricos de malvasía cabeciblanca, pato colorado y porrón europeo, y la primera cría documentada de flamenco común.

A este contexto excepcional se suma un dato hídrico que no se veía desde hace años: el parque cuenta actualmente con más de 1.300 hectáreas inundadas, de las 1.750 que son susceptibles de encharcarse, superando ya el máximo alcanzado en 2025. El Plan Rector del Parque Nacional establece como objetivo mínimo alcanzar 1.400 hectáreas a comienzos de primavera, una cota que este año podría alcanzarse por primera vez en muchos años.
El agua que llegó antes
La diferencia respecto a años anteriores no es sólo cuantitativa, sino también de calendario. El río Gigüela comenzó a alimentar el parque en pleno febrero de 2026, semanas antes de lo habitual, lo que permite que el humedal encare la primavera —estación clave para la reproducción de las aves— con unas condiciones hídricas mucho más favorables que en ejercicios anteriores.
Arroyos como Casablanca y Cañada del Gato también contribuyeron a esta recuperación, que ha devenido en un paisaje que hasta hace poco parecía inalcanzable: tablas con agua continua, vegetación rebrotando y una actividad faunística que ha sorprendido incluso a los técnicos del parque. Como recordábamos en nuestra información publicada, la masiega —planta bioindicadora del estado ecológico del humedal— vuelve a colonizar zonas que parecían perdidas.
Un humedal con historia y con futuro
El camino hasta aquí no ha sido sencillo. El Acuífero 23, que alimenta Las Tablas, fue declarado sobreexplotado de forma definitiva en 1994 tras décadas de regadío intensivo. Se estiman más de 23.000 pozos extrayendo agua del acuífero, lo que provocó la desecación casi total del humedal y hasta la autocombustión de turbas en 2009.
La recuperación actual, sin embargo, demuestra que la gestión responsable del agua da resultados. El nivel del acuífero ha subido más de 20 metros gracias a las medidas de control de la sobreexplotación, y el parque, declarado Reserva de la Biosfera en 1981 y Humedal Ramsar, vuelve a ser lo que siempre fue: uno de los últimos representantes de los ecosistemas de tablas fluviales en Europa y un refugio sin igual para la biodiversidad amenazada.

La clave está bajo el agua
Las praderas de plantas subacuáticas del género Chara, fundamentales en la cadena trófica del ecosistema, han sido clave en el éxito reproductor de las anátidas buceadoras. Sin agua no hay Chara, sin Chara no hay anátidas, sin anátidas no hay focha moruna. La lógica del ecosistema es implacable, y hoy, por primera vez en mucho tiempo, todos los eslabones de esa cadena están en su sitio.
Lo que está en juego
El ornitólogo irlandés Mike Grimes, que ha visitado Las Tablas para observar la especie, señala que la focha moruna constituye hoy una de las mayores rarezas de la avifauna ibérica y que, de no revertirse su situación crítica, la extinción es una amenaza real a corto plazo. Sus palabras resumen lo que los datos confirman.

La incorporación de Las Tablas al programa de cría es la señal más concreta de que España, cuando quiere, puede comprometerse con su biodiversidad antes de que sea demasiado tarde. El agua ha vuelto, las aves han respondido y el parque está listo. Ahora falta lo más difícil: encontrar los ejemplares reproductores suficientes para que la focha moruna tenga, por fin, una segunda oportunidad.
