La alarma llega desde los laboratorios escandinavos y aterriza en los supermercados de más de medio mundo. Una nueva investigación de Greenpeace Internacional, publicada el 21 de mayo de 2026, ha revelado que las populares bolsitas de plástico flexible utilizadas para envasar purés y papillas infantiles contienen microplásticos que acaban en el alimento que consumen los bebés. El estudio, realizado por el laboratorio independiente SINTEF Ocean en Noruega, analizó productos de dos de las marcas más reconocidas del mercado mundial: Gerber, propiedad de Nestlé, y Happy Baby Organics, de Danone.
Microplásticos en el 100% de las muestras de comida de bebés analizadas
Los resultados no dejan margen a la interpretación: microplásticos en el cien por cien de las muestras analizadas. Según el resumen ejecutivo en castellano del informe, los datos apuntan directamente al polietileno —el plástico con el que están recubiertas interiormente estas bolsas— como fuente de contaminación, descartando así una contaminación ambiental difusa y poniendo el foco en el propio envase.
Una cucharadita, hasta 495 microplásticos en la comida de bebés
Traducidas a cifras cotidianas, las conclusiones del estudio son todavía más perturbadoras. En las bolsas de Gerber se estiman más de 5.000 partículas por ración; en las de Happy Baby Organics, la cifra supera las 11.000. Eso equivale a unos 270 microplásticos por cucharadita en el caso de Gerber y hasta 495 en Happy Baby Organics. El estudio también identificó un posible disruptor endocrino —el compuesto 2,4-DTBP— en las muestras de yogur de Gerber, lo que eleva el nivel de preocupación más allá de la mera presencia de partículas físicas.
Los bebés son la población más vulnerable a este tipo de exposición. Sus órganos están en pleno desarrollo y su ingesta de alimentos, en proporción a su peso corporal, es muy superior a la de un adulto. Así lo señala expresamente el informe, que advierte de que la ciencia aún no ha establecido un umbral seguro de exposición a microplásticos, especialmente en esta franja de edad tan sensible.
El formato de bolsa, imparable en el mercado
Las llamadas pouches —bolsas flexibles con tapón de plástico— se han convertido en el envase de alimentación infantil de mayor crecimiento en el mundo. Según datos del propio informe de Greenpeace, representan ya el 37,15% del mercado global de alimentación infantil en volumen, superando al tradicional tarro de cristal. Se espera que el segmento crezca a un ritmo anual del 8,18% hasta 2031, impulsado por su aparente comodidad y por campañas de marketing muy agresivas.
Además, denuncia Greenpeace, es que estos envases multicapa —que combinan plástico y láminas de aluminio— son imposibles de reciclar de forma efectiva en España. Su destino mayoritario son los vertederos, las incineradoras o directamente el medioambiente, contribuyendo a agravar la crisis global de contaminación por plásticos.
Nestlé y Danone responden
Tras la publicación del informe, las dos multinacionales emitieron declaraciones en las que rechazaron las conclusiones de Greenpeace. Nestlé indicó que sus productos «son seguros para el consumo» y subrayó que aplica controles estrictos en la producción, incluyendo la selección y gestión de los envases, aunque no cuestionó abiertamente la metodología del estudio.
La empresa francesa fue algo más combativa en su respuesta. Según recogió FoodNavigator, Danone declaró: «Danone es consciente del informe publicado por Greenpeace sobre la supuesta presencia de microplásticos en ciertos productos de alimentación infantil envasados en bolsas. Las bolsas Happy Baby están diseñadas y fabricadas de acuerdo con estrictos estándares de calidad y seguridad alimentaria, y conforme a toda la normativa aplicable. Todos los productos para bebés de Happy Family en bolsa son seguros.» La multinacional fue más lejos que Nestlé al señalar la existencia de «numerosos fallos en la metodología» del estudio, sin especificar cuáles.
Desde Greenpeace rechazan este tipo de argumentaciones. La organización recuerda que el estudio fue realizado por SINTEF Ocean, uno de los institutos de investigación marina y medioambiental más reputados de Europa, sobre muestras compradas tal como se comercializan, sin someterlas a ningún tratamiento previo como el calentamiento.
La ciencia y la regulación, a contrarreloj
El debate llega en un momento en que la preocupación ciudadana por los microplásticos no ha hecho más que crecer. Según el Eurobarómetro especial de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de 2025, casi tres cuartas partes de los europeos —un 73%— ha oído hablar de los microplásticos en los alimentos, ocho puntos más que en 2022. Sin embargo, la regulación avanza a un ritmo mucho más lento que la investigación científica.
La Unión Europea aprobó en 2023 el Reglamento (UE) 2023/2055 sobre microplásticos añadidos intencionalmente en productos como cosméticos o fertilizantes, pero no existe aún ninguna normativa específica que fije límites máximos de microplásticos en alimentos o en el envasado en contacto con alimentos infantiles. El propio Parlamento Europeo ha alertado, en un estudio técnico publicado en 2025, de que los microplásticos ya se han detectado en la sangre, la placenta y los tejidos pulmonares humanos, con potenciales repercusiones en el sistema inmunitario y endocrino.
Las demandas de Greenpeace
La organización ambiental exige a Nestlé y Danone que analicen urgentemente sus productos y acrediten públicamente que no ponen en riesgo a los menores. Asimismo, reclama un compromiso firme para sustituir los envases de plástico por alternativas reutilizables y libres de sustancias tóxicas. En paralelo, insta al Gobierno español a que, en el marco de las negociaciones del Tratado Global de Plásticos de la ONU, defienda una postura ambiciosa que incluya la prohibición de estos envases, la reducción de la producción global de plástico en un 75% y el fin de la contaminación química descontrolada.
Graham Forbes, responsable de la campaña global de plásticos de Greenpeace USA, amplió el llamamiento: «Este estudio es una llamada de atención para los padres de todo el mundo, que confían en estas marcas para poner a sus hijos en primer lugar. Las empresas dependientes del plástico, como Nestlé y Danone, le deben a las familias una respuesta clara: ¿qué están haciendo para eliminar los microplásticos y los productos químicos de los productos que venden a los bebés?»
¿Qué pueden hacer las familias ahora?
El informe de Greenpeace deja a muchas familias ante una pregunta incómoda: ¿qué alternativa tienen? La respuesta más directa que apuntan los expertos en seguridad alimentaria es volver al tarro de cristal, el formato tradicional que no presenta el riesgo de migración de partículas plásticas al alimento, o preparar en casa purés con frutas y verduras frescas conservados en recipientes de vidrio o acero inoxidable. Aunque son opciones menos cómodas, eliminan el vector de contaminación identificado por el estudio.
Desde el punto de vista regulatorio, lo que este informe pone de manifiesto es una brecha legal preocupante: mientras la UE ha comenzado a limitar los microplásticos añadidos intencionalmente en productos industriales, el envasado de alimentos infantiles —especialmente los de mayor vulnerabilidad— sigue sin estar cubierto por ningún límite máximo de contaminación. Es, en definitiva, una cuestión que ya no puede esperar a la siguiente legislatura.
