Pablo Urbano, Luis De Sande, Antonio Espinosa, AUARA y su agua potable
Pablo Urbano, Luis De Sande, Antonio Espinosa, AUARA y su agua potable
EME Gastro De una conversación en Etiopía a 168.000 personas con acceso a agua potable: la historia de AUARA cumple diez años

De una conversación en Etiopía a 168.000 personas con acceso a agua potable: la historia de AUARA cumple diez años

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La marca española nació de la indignación de  tres amigos tras vivir la crisis hídrica en Etiopía y ha construido, en una década, un modelo empresarial en el que cada botella vendida financia un pozo. Han llevado agua potable a más de 168.000 personas en 28 países. Sus fundadores lo llaman «una locura bonita». Y los números les dan la razón, demostrando que los negocios pueden salvar vidas. Y AUARA lo hace sorbo a sorbo. En su décimo aniversario, presenta una nueva identidad visual y cierra 2025 con 220.000 euros destinados a proyectos sociales, un récord en su historia.

Había un hospital en Etiopía. Y en ese hospital no había agua. Antonio Espinosa de los Monteros, arquitecto con experiencia de cooperación en Perú, Camboya y la propia Etiopía, lo vio con sus propios ojos: niños con infecciones, problemas de alimentación, enfermedades que en Europa serían evitables con solo abrir un grifo. «La necesidad más material es la falta de agua potable, la falta de agua como gran problema de fondo. Sobre todo se ve en el sistema sanitario, en un hospital. Los problemas de alimentación, de infecciones… esa realidad se te va metiendo en la cabeza y en el alma«, recuerda hoy, diez años después de haber convertido aquella experiencia en una empresa.

De vuelta a Madrid, Antonio habló con Pablo Urbano, ingeniero industrial con quien compartía esa visión del mundo, y juntos convencieron a Luis de Sande, financiero con décadas de experiencia en multinacionales y cabeza fría para los números. «Fue una idea que me abdujo«, reconoce De Sande. Cuatro años de trabajo, aprendizaje y obstáculos después, en 2016, salió al mercado la primera botella de AUARA.

Una palabra en amhárico que explica todo lo que significa el agua potable

El nombre no fue casual. AUARA significa «tormenta de arena en el desierto» en amhárico, el idioma oficial de Etiopía, el país donde sus fundadores vieron por primera vez el drama de quienes no tienen acceso al agua potable. Con ese nombre eligieron también su propósito: ser una empresa radicalmente diferente. Una en la que los accionistas, al entrar, renuncian a los dividendos. El 100% de los recursos disponibles que irían a sus bolsillos va íntegramente a proyectos sociales.

Agua potable de AUARA
Agua potable de AUARA

«Hace diez años era una locura plantear una empresa así«, admite De Sande, que se define con humor como el «Doctor No» del trío; el que pone los pies en la tierra ante el ímpetu de sus socios, aunque reconoce entre risas que «ellos también saben engañarme«. Era una locura, sí. Y también una apuesta que el tiempo ha validado con creces.

El agua potable que llegó en la primera botella reciclada de Europa

Los comienzos fueron de una austeridad casi dramática. Los tres fundadores se repartieron Madrid para visitar bares, uno por uno, con sus botellas bajo el brazo. «Había días que nos hacíamos 50 bares, puerta a puerta«, recuerda Espinosa con la nostalgia de quien sabe que aquellos días formaron el carácter de la empresa. Lo revive no desde una sala de juntas ni en un despacho en el barrio de Salamanca. La celebración de su décimo aniversario transcurre en una coqueta sala alquilada en la calle de Alcalá, con sus propias botellas de agua y de zumo sobre la mesa. Coherencia total.

Además del propósito social, AUARA introdujo desde su nacimiento otra innovación que entonces nadie valoró: fue la primera marca de agua en Europa en fabricar sus botellas con un 100% de plástico reciclado R-PET. «Era una necesidad. Teníamos que hacer una botella sostenible, que no tuviera impacto, que no se cargara el planeta«, explica Espinosa. La paradoja fue mayúscula: en 2016 nadie dio valor a ese avance. Incluso en España no estaba legislado fabricar botellas con plástico reciclado y tuvieron que importarlo de Europa. La competencia los miraba con curiosidad

El mercado, al final, reconoce lo bien hecho

La historia dio un giro entre 2018 y 2019. La conciencia colectiva sobre el plástico y sus consecuencias llegó al gran público con una fuerza que nadie había previsto, cuando AUARA llevaba ya dos años haciendo lo correcto. Lo que antes era ignorado se convirtió en demanda. «Cuando las cosas están bien hechas, al final el mercado las paga«, afirma Antonio Espinosa de los Monteros, una convicción que resume buena parte de la filosofía de la empresa.

La incorporación a la Corporación Hijos de Rivera en 2022, justo después de que la pandemia del COVID frenara en seco un momento de crecimiento dulce, supuso un punto de inflexión. La firma gallega no entró por los números —que una empresa social jamás repartirá entre sus accionistas—, sino por algo más difícil de medir: entendió el alma de AUARA. Desde entonces, la marca ha superado los 35.000 puntos de venta en España y ha ampliado su portfolio con zumos funcionales, buscando multiplicar los momentos de consumo cotidiano para, con ellos, multiplicar el impacto.

Un pozo en el colegio lo cambia todo

A miles de kilómetros de esa sala alquilada de Madrid, en Senegal, en Kenia, en Benín, en Chad, en India o en Camboya, el trabajo de AUARA tiene una traducción muy concreta: un pozo. Y según Pablo Urbano, uno de sus fundadores, no hay manera de entender lo que significa sin haberlo visto. «Poner agua, un pozo en el cole, es un gesto fundamental. Rompes muchos contagios, enfermedades, ahorras el viaje de recogerla, disminuyes el absentismo escolar, reduces el número de horas que emplean para recogerla«, explica. Y añade algo que condensa todo: «Cuando se genera un pozo, es una fiesta. Es una locura.«

No es retórica. En muchas zonas de África, las mujeres y las niñas son las responsables de transportar el 90% del agua que consume la comunidad, y emplean un promedio de cinco horas al día en ir a buscarla según datos de ONU Mujeres. Horas que no se dedican a estudiar, a trabajar ni a vivir. Un pozo no es sólo agua. Es tiempo devuelto. Es escuela recuperada. Es una niña que puede quedarse en clase.

Un modelo de agua potable que va más allá de los pozos

AUARA trabaja con dos tipos de infraestructuras: pozos manuales y pozos automáticos que funcionan con paneles solares. Estos últimos permiten, además, conectar sistemas de riego para crear huertos comunitarios. Primero fue satisfacer la necesidad más urgente, el agua para beber. Después llegaron las infraestructuras de saneamiento. Y después, la agricultura autosuficiente, para consumo propio o para el trueque entre comunidades vecinas. Un ecosistema que se construye ladrillo a ladrillo, o mejor dicho, litro a litro.

Socios locales y compromiso real

El modelo tiene una condición que lo diferencia de la simple donación: la necesidad parte siempre de la propia comunidad, que debe comprometerse a cofinanciar el 5% del coste del proyecto. En una de las regiones más pobres del planeta, ese porcentaje puede pagarse con materiales o con horas de trabajo. Después, AUARA realiza un seguimiento durante cinco años. Todo ello a través de 25 socios locales que conocen el terreno, la cultura y las necesidades reales de cada lugar.

Un 2025 récord en impacto y donaciones

En diez años, AUARA ha puesto en marcha 268 proyectos en 28 países de África, Asia y Latinoamérica. Más de 168.000 personas acceden hoy a agua limpia gracias a ese trabajo. Sólo en 2025, la empresa puso en marcha más de 45 nuevas infraestructuras en países como Senegal y Kenia, beneficiando a más de 23.000 personas. El dinero destinado a proyectos sociales pasó de 60.000 euros en 2023 a 220.000 euros en 2025, un crecimiento que refleja la madurez comercial de una empresa que comercializa ya 7 millones de litros y factura 2,5 millones de euros.

La magnitud del problema al que AUARA se enfrenta es abrumadora. Más de dos mil millones de personas en el mundo, una de cada cuatro, continúan viviendo sin agua potable gestionada de manera segura, y 106 millones de ellas beben directamente de ríos, lagos u otras fuentes superficiales no tratadas según el informe conjunto de UNICEF y la OMS publicado en agosto de 2025. Cada año mueren 400.000 niños y niñas menores de cinco años por causas relacionadas con servicios inadecuados de agua y saneamiento, según UNICEF. Frente a esas cifras, 168.000 personas con agua limpia puede parecer una gota. Pero es una gota que existe, que tiene nombre y que tiene cara, y eso es lo que AUARA ha querido reflejar en su décimo aniversario.

«Be the change»: una nueva etiqueta, el mismo propósito

Con motivo del aniversario, AUARA presenta una nueva identidad visual bajo el concepto «Lo hemos hecho a/con propósito». Las nuevas botellas llevan imágenes reales de personas y comunidades de Benín y Chad que hoy tienen agua gracias a los proyectos de la empresa. Un código QR permite al consumidor acceder a las infraestructuras activas, los socios locales y el impacto generado en tiempo real. Y, de manera simbólica, la frase «Be the change» —sé parte del cambio— ocupa un lugar protagonista en la etiqueta, por delante incluso del propio nombre de la marca. Las botellas incluyen también el texto en Braille, describiendo el contenido como «agua mineral natural 100% social», un detalle que dice mucho sobre una empresa que piensa en todas las personas.

«Beber agua o zumo no es sólo una elección de consumo, sino una oportunidad para transformar vidas en las comunidades más vulnerables. No vendemos agua con causa, somos una empresa creada con propósito desde el inicio«, afirma Antonio Espinosa de los Monteros, CEO y cofundador de AUARA. Y concluye con una frase que, viniendo de alguien que lleva diez años peleando contra corriente, suena a todo menos a exageración: «Esta empresa social es un milagro que exista. Esto es un regalo de Dios y de la vida

De cara a 2026, AUARA trabaja en ampliar su portfolio de productos con propósito. La misma «locura bonita» de siempre. Con diez años más de experiencia y 168.000 razones para seguir.

Written by
Leonor Rodríguez -

Periodista con más de 17 años de experiencia en el sector de la comunicación. Redactora jefa en El Mundo Ecológico y responsable de comunicación en administración local.

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