La agriagencia española de cooperación internacional ACODEA —creada por UPA y FADEMUR, con la posterior incorporación de Cooperativas Agro-alimentarias— avanza en su compromiso con una ganadería más sostenible a través del proyecto de investigación «Desarrollo de estrategias plausibles de reducción de la huella de carbono en explotaciones de ganado bovino y su relación con el impacto sobre la biodiversidad en ReCiPe«. Esta iniciativa busca identificar prácticas productivas que permitan reducir el impacto ambiental de la producción de leche sin comprometer su viabilidad económica y social.
La leche busca su lugar en un planeta bajo presión. El proyecto ha iniciado la primera de las cuatro actividades previstas, centrada en la recopilación de datos de inventario en explotaciones lecheras. Buscan conocer qué se necesita para producir un kilogramo de leche: alimentación del ganado, consumo de energía y agua, gestión de los estiércoles, uso de fertilizantes y procesos asociados al manejo del ganado.
¿Qué le supone al planeta un vaso de leche?
La leche que tomamos cada mañana tiene un impacto que va mucho más allá de la taza. Según estudios recientes, producir un litro de leche de vaca genera entre 0,75 y 1,0 kg de CO₂ equivalente, dependiendo del sistema de producción. Para ponerlo en perspectiva: ese único litro consume 628 litros de agua, genera emisiones comparables a las de un coche recorriendo varios kilómetros, y requiere casi 9 metros cuadrados de terreno.
Las cifras son contundentes, pero no cuentan toda la historia. Entre el 90% de las emisiones de una granja lechera provienen de tres fuentes principales: la alimentación del ganado, las emisiones (el metano que las vacas producen al digerir) y la gestión de purines. El metano, en concreto, representa el 39,9% del total de emisiones, y es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO₂.
La ciencia al rescate: reducir hasta un 18% las emisiones de la leche es posible
Pero hay buenas noticias. La cooperativa española COVAP ha demostrado que es posible reducir más de un 18% la huella de carbono de la leche gracias a un trabajo continuado desde 2020, verificado por AENOR. Este logro equivale a retirar cerca de 56.000 coches de combustible fósil de las carreteras españolas durante un año.
¿Cómo lo han conseguido? Mejorando la alimentación del ganado, optimizando la gestión de emisiones y asesorando técnicamente a los ganaderos.
La tecnología también juega un papel crucial. Recientes investigaciones han dado como resultado aparatos que miden en tiempo real el metano de las vacas, con una precisión del 90% frente a métodos tradicionales. Estos sensores permitirán ajustar la dieta del ganado de forma personalizada para minimizar emisiones.
El dilema de las alternativas: ¿son todas más verdes?
Mientras la leche de vaca busca reinventarse, las bebidas vegetales han ganado terreno. Pero no todas son iguales. La leche de soja es la más sostenible, consumiendo sólo 28 litros de agua por litro producido y generando tres veces menos emisiones de CO₂ que la de vaca. Le sigue la de avena, con 48 litros de agua, y después la de arroz con 270 litros.
La de almendra, aunque popular, consume 371 litros de agua por litro, lo que la sitúa aún muy por debajo de la leche de vaca pero por encima de sus «hermanas» vegetales. Además, el cultivo de almendras en según qué zonas enfrenta críticas por la presión sobre recursos hídricos.
El futuro: colaboración, no confrontación
Lo que emerge de la ciencia no es una batalla entre la leche animal y vegetal, sino una búsqueda colectiva de sostenibilidad. La revista MIT Technology Review ha destacado las soluciones para reducir las emisiones de metano del ganado como una de las tres innovaciones tecnológicas más transformadoras de 2025.
Una vez concluida la fase de recopilación de datos, el proyecto de ACODEA avanzará hacia el Análisis de Ciclo de Vida (ACV), utilizando el software especializado air.e LCA para cuantificar las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a cada kilogramo de leche producido. El proyecto culminará con la elaboración de una guía práctica de estrategias de mitigación, dirigida a explotaciones ganaderas, transformando los resultados científicos en recomendaciones claras, realistas y aplicables.

