El greenwashing alimentario: cuando lo «verde» sólo es una estrategia de marketing

greenwashing alimentario

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España lidera la agricultura ecológica en Europa con casi 3 millones de hectáreas, pero el engaño publicitario sobre sostenibilidad no desaparece. El greenwashing alimentario sigue engañando a consumidores que buscan productos sostenibles en España. Para combatirlo, la nueva Directiva Europea prohibirá a partir de este año afirmaciones genéricas como «eco-friendly» o «sostenible» sin pruebas verificables.

El greenwashing alimentario se ha convertido en una práctica cada vez más extendida en el sector agroalimentario español. Según advierte Isidre Martínez, Ingeniero Agrónomo, «el greenwashing significa presentar como verde o ecológica una práctica, política, producto o comunicación cuando ésta no cumple los estándares reales o la normativa ambiental aplicable, con el fin de aumentar la reputación, ventas o apoyo sin pruebas objetivas ni cambios sustanciales«.

Esta práctica afecta desde empresas que exageran los beneficios ambientales de sus productos mediante publicidad y etiquetado engañoso, hasta administraciones públicas y algunos actores sociales que promueven políticas supuestamente verdes sin fundamento real. La Comisión Europea ha señalado que en un estudio sobre 150 declaraciones ambientales, más de la mitad resultaron vagas o engañosas y un 40% no contaban con pruebas que las sustentaran.

Las trampas más comunes del greenwashing alimentario

Martínez identifica varios casos habituales de estas prácticas engañosas. El primero es el uso fraudulento de términos protegidos como «bio«, «ecológico» u «orgánico» en productos que no cumplen la normativa de agricultura ecológica. En España, el Gobierno aprobó en 2001 un Real Decreto que permitía el uso del término «bio» a ciertas empresas en productos no ecológicos, aunque la normativa europea no lo permitía. Tras años de lucha judicial, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea prohibió este uso en 2005. Ahora esta nueva Directiva promete acabar de una vez por todas con el uso indebido de estos términos.

Otros engaños frecuentes incluyen productos procesados publicitados como «naturales» o «sin aditivos» que en realidad contienen ingredientes industriales o provienen de cadenas de producción intensivas.

Especialmente preocupante es el caso del «bienestar animal» con prácticas intensivas. «¿Realmente alguien puede creerse que existen gallinas felices en una explotación de cría intensiva?«, cuestiona el ingeniero agrónomo, refiriéndose a productos que se publicitan con eslóganes tipo «animales felices» o imágenes idílicas que no se corresponden con la realidad.

La agricultura ecológica real: datos y beneficios

Frente a estas prácticas engañosas, la agricultura ecológica certificada en España sigue creciendo. Según datos del Ministerio de Agricultura, la superficie dedicada a la producción ecológica ha aumentado de forma continua y en 2024 ya supera el 12% de la superficie agraria total, lo que sitúa a España como líder europeo.

Por otra parte, el mercado ecológico español alcanzó los 3.000 millones de euros en 2023, según el Informe Anual 2024 de Ecovalia, algo muy positivo.

Cómo la agricultura ecológica protege el medioambiente

Está claro que la producción ecológica tiene un impacto medioambiental significativamente menor que la agricultura convencional. Este modelo no sólo protege los recursos naturales y la biodiversidad, sino que también contribuye a mitigar el cambio climático mediante la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y el uso eficiente de los recursos.

Así los beneficios ambientales son múltiples: mejora la fertilidad natural de los suelos, frena la desertificación, no contamina los acuíferos, favorece la retención de agua y preserva el ecosistema respetando su equilibrio. Así, la producción ecológica contribuye a hacer frente al desafío global del cambio climático, ya que combina las mejoras prácticas ambientales junto con un elevado nivel de biodiversidad y de preservación de los recursos naturales.

Beneficios para la salud del consumidor

Respecto al impacto en la salud, los alimentos ecológicos certificados ofrecen ventajas concretas para la salud humana. La ausencia de productos químicos hace que los alimentos ecológicos sean más saludables porque se asimilan mejor por el organismo, mejoran las defensas y ayudan a prevenir enfermedades.

Una investigación de 2018 de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) concluyó que la presencia de residuos químicos en concentraciones por encima de los límites recomendados en alimentos convencionales era 3 veces mayor que en los ecológicos.

Además, estudios recientes también indican beneficios significativos como que pueda existir una diferencia media de 10 años en la esperanza de vida y hay un riesgo de un 82% menor de padecer enfermedad cardiovascular y un 65% menos algún tipo de cáncer en personas que consumen regularmente productos ecológicos.

Terminar con el greenwashing: un imperativo ético y legal

El anteproyecto español de Ley de Consumo Sostenible, que supone la transposición de la directiva al mercado español, debería empezar su aplicación en septiembre de 2026. Esta normativa, según la Directiva (UE) 2024/825, prohibirá afirmaciones ambientales genéricas como «eco-friendly«, «verde» o «respetuoso con el clima» sin respaldo científico verificable.

Con la entrada en vigor de esta nueva normativa europea en 2026, y el creciente escrutinio de los consumidores, el sector alimentario se enfrenta a un momento decisivo donde la transparencia y la autenticidad en las afirmaciones de sostenibilidad serán más importantes que nunca.

Un futuro más transparente para el consumidor consciente

El crecimiento imparable de la agricultura y el consumo ecológicos en España demuestra que los consumidores están dispuestos a apostar por la sostenibilidad real cuando ésta viene respaldada por certificaciones verificables. De esta manera, con la entrada en vigor de la nueva normativa europea, el sector alimentario se enfrenta a una encrucijada: adaptar sus prácticas a la transparencia que demanda la sociedad o arriesgarse a sanciones y pérdida de credibilidad.

La responsabilidad no recae únicamente en las empresas y administraciones, sino también en los consumidores, que con sus decisiones de compra tienen el poder de premiar la honestidad y castigar el engaño.

El momento de exigir claridad es ahora, porque cada compra es un voto por el tipo de sistema alimentario que queremos para las generaciones futuras.

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