La firma española de moda sostenible alcanza su mejor puntuación en la certificación B Corp en 17 años, superando ampliamente la media europea y reforzando su posición como referente del sector en el continente. El resultado, que llega en pleno B Corp Month —el mes de marzo en que la comunidad global de empresas certificadas reivindica su papel como agentes de cambio real—, convierte a Ecoalf en uno de los casos más sólidos de negocio con propósito real.
Ecoalf ha obtenido 122,7 puntos en su última Evaluación de Impacto B (BIA), la nota más alta desde que la marca fundada por Javier Goyeneche inició este camino en 2018. La cifra supera en más de 27 puntos la media europea, fijada en 95,44, y duplica con creces el mínimo de 80 exigido para obtener el sello.
La certificación B Corp, otorgada por la organización sin ánimo de lucro B Lab, evalúa cada tres años a las empresas en cinco áreas: medioambiente, trabajadores, comunidad, gobernanza y clientes. Superar los 100 puntos ya es un logro excepcional; rozar los 123 sitúa a Ecoalf en una liga propia dentro de la moda sostenible europea.
Ecoalf, 17 años con el planeta en el centro
La progresión de Ecoalf refleja una mejora sostenida y documentada: de los 81,8 de 2018 se pasó a 99,1 en 2021 —evaluación con la que se convirtió en referente continental por delante de marcas como Eileen Fisher, Veja u Allbirds—, y ahora da el salto definitivo a 122,7. Un crecimiento de más de 40 puntos en apenas siete años que no es accidental, sino el resultado de incrustar el impacto medioambiental en el ADN de cada decisión empresarial.

Desde su nacimiento en 2009, la marca ha reciclado más de 369 millones de botellas de plástico, ahorrado más de 54.000 millones de litros de agua y evitado la emisión de más de 22.700 toneladas de CO₂. A esto se suma su proyecto «Upcycling the Oceans», que involucra ya a más de 4.200 pescadores en varios países y ha recuperado más de 1.700 toneladas de residuos del fondo marino para transformarlos en tejidos de alta calidad.
Así convierte Ecoalf una botella en una prenda de moda
Cada botella de plástico PET recogida en las costas, los puertos u océanos pasa por un proceso mecánico que la tritura en escamas, las convierte en pellets y, finalmente, la transforma en hilo de poliéster reciclado de primera calidad. Un proceso que, según los propios datos de la marca, reduce el consumo energético hasta un 50% y las emisiones de CO₂ hasta un 60% frente al poliéster convencional.
El resultado acumulado de 17 años de trabajo es contundente: 369 millones de botellas que, gracias a Ecoalf, no acabaron en un vertedero ni en el mar, convertidas en prendas que compiten en diseño y calidad con cualquier marca de moda premium europea. Una demostración de que el residuo puede ser, con tecnología e intención, una materia prima de alto valor.
Del impacto reducido al impacto positivo
Pero lo que más ha pesado en la nueva puntuación no es lo que Ecoalf ha dejado de hacer, sino lo que ha empezado a construir. La marca ha dado un giro estratégico fundamental: pasar de «contaminar menos» a «regenerar activamente«. Y la diferencia no es semántica.
La agricultura regenerativa va más allá de lo ecológico: no sólo evita pesticidas, sino que devuelve activamente materia orgánica al suelo, mejora su capacidad de retener agua y captura carbono atmosférico. El problema es especialmente urgente en España: según el Atlas de la Desertificación elaborado por la Universidad de Alicante y el CSIC, cerca del 40% del suelo español ya está degradado, y en el conjunto de la Unión Europea la cifra supera el 60% de las tierras agrícolas, según la Agencia Europea de Medio Ambiente. Así, en 2025 lanzó su primera colección cápsula de algodón regenerativo en colaboración con Materra, empresa líder en el cultivo de algodón resiliente al clima, lo que ha permitido restaurar más de cinco hectáreas de suelo degradado a través de la moda.
Este salto de filosofía se traduce en crecer más de un 70% en la categoría de Modelos de Negocio de Impacto, pasando de dos a cuatro modelos cualificados. Esto significa que el impacto positivo ya no es un extra, sino la columna vertebral del negocio.
La moda regenerativa, el siguiente capítulo
La apuesta regenerativa de Ecoalf no se detiene ahí. Para abril de 2026 está previsto el lanzamiento de una nueva colección de looks completos elaborados con pigmentos naturales y algodón regenerativo, mientras que la colección Otoño-Invierno 2026 incorporará lana regenerativa. Dos hitos que consolidan una hoja de ruta clara: la moda del futuro no sólo evita el daño, sino que repara lo que ya estaba roto.
Si el camino se mantiene, la marca espera cerrar 2025 con una facturación de 70 millones de euros —frente a los 58 millones de 2024—, lo que demuestra que apostar por la sostenibilidad real es también un modelo de negocio rentable. España representa el 45% de su facturación, seguida de Alemania, Italia y Austria.
Un movimiento que crece
Este reconocimiento llega durante el B Corp Month. Un mes de marzo en el que la comunidad global de empresas certificadas reivindica su papel como agentes de cambio. En España, el movimiento celebra una década de historia con 334 empresas certificadas, un 18% más que el año anterior, presentes en 78 industrias y con una facturación agregada que roza los 16.000 millones de euros.
A nivel mundial, B Lab agrupa a más de 10.400 empresas certificadas en 103 países y 163 industrias, que en conjunto mueven una facturación de 774.000 millones de euros. Un dato que desmiente el mito de que sostenibilidad y rentabilidad son incompatibles.
La certificación más exigente de la empresa
Esta puntuación es un espejo en el que debería mirarse toda una industria que sigue siendo una de las más contaminantes del planeta: la moda representa entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de CO₂, según el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente. Ecoalf lleva 17 años demostrando que otra forma de hacer las cosas no sólo es posible, sino rentable.
Las cifras del futuro son aún más alarmantes: si la industria de la moda no cambia su modelo, en 2050 podría consumir más de una cuarta parte de todo el presupuesto mundial de carbono, según las proyecciones del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente. Y eso con un planeta que para entonces habrá añadido otros 2.000 millones de personas al consumo global de ropa. El reloj corre.
El siguiente reto de Ecoalf —y de toda la industria— es que lo que hoy parece excepcional se convierta en el nuevo estándar. Con 122,7 puntos sobre la mesa, la pregunta ya no es si la moda puede cambiar. Es si el resto está dispuesto a intentarlo.