Lo más perturbador es que algunos de estos animales llevan collar. No se trataría, por tanto, de perros asilvestrados en sentido estricto, sino de perros domésticos que se organizan temporalmente para cazar y regresan después a sus hogares.
Un comportamiento calcado al del lobo
Roberto Hartasánchez, director honorario de FAPAS y uno de los naturalistas más veteranos de la cordillera Cantábrica, subraya que este fenómeno «no lo habíamos visto jamás» en más de cuatro décadas de observaciones sobre el terreno. El patrón social y el modo de caza de estas manadas resultan prácticamente calcados a los del lobo ibérico, aunque con una diferencia clave en las presas: mientras el lobo ataca ungulados grandes y jabalíes, los perros se dirigen exclusivamente a crías de fauna salvaje y a ganado menor como corderos.
Las cámaras han grabado incluso a un perro atacando un rebaño de ovejas y huyendo con un cordero en la boca, un ataque que, con toda probabilidad, habrá quedado registrado administrativamente como obra del lobo. Este detalle no es menor: abre un debate de fondo sobre la fiabilidad de los sistemas de atribución de daños al ganado en España.
El vacío que dejó el lobo
FAPAS vincula directamente este fenómeno con la eliminación masiva del lobo en Asturias. Desde 2017, el Principado ha eliminado oficialmente un mínimo de 140 ejemplares, tanto mediante controles de población como por furtivismo, aunque la organización advierte de que la cifra real podría ser muy superior: durante dos años, las reservas regionales operaron sin guardería ni vigilancia efectiva.
La desaparición de las manadas familiares de lobo ha generado lo que FAPAS denomina una «quiebra ecológica sin precedentes» en zonas de alta montaña de la Cantábrica. Al eliminarse el depredador nativo, el territorio ha quedado abierto a ser ocupado por cánidos domésticos que recuperan conductas salvajes. Es el principio ecológico del vacío trófico actuando en tiempo real.
Un censo bajo sospecha
La organización cuestiona abiertamente el censo oficial del Principado, que estima entre 360 y 405 lobos distribuidos en 45 manadas reproductoras. Según el trabajo de campo de FAPAS, cada manada cuenta de media con cuatro o cinco individuos, muy por debajo de los ocho o nueve que fija la administración regional. La población real no superaría los 180 a 225 ejemplares, menos de la mitad de lo que reconoce el gobierno asturiano.
El fototrampeo ha detectado además un patrón geográfico que levanta sospechas: cada manada de lobos aparece asociada casi exactamente al área de un concejo asturiano. Desde FAPAS señalan que ello hace preguntarse si el censo responde a criterios científicos o a otro tipo de consideraciones. La organización, reconocida en 2017 con el Premio Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad, lleva décadas siendo pionera en el uso del fototrampeo en la Península Ibérica.
La trampa de la atribución de daños
Los datos respaldan la alarma. Un estudio del CSIC en Burgos y Álava concluyó que hasta un 33% de la dieta de los perros asilvestrados está compuesta por ganado, frente al 3,2% en el caso del lobo ibérico. En Catalunya, entre 2018 y 2023 los perros causaron casi tres veces más episodios de ataques al ganado que los lobos, aunque el grueso de las indemnizaciones sigue yendo al segundo.
Más allá del conflicto lobo-ganadería, el hallazgo de FAPAS pone sobre la mesa un problema estructural: la dificultad para distinguir si los daños al ganado son causados por lobos o por perros. Los expertos llevan años advirtiendo de ello. El ambientólogo Jorge Echegaray ha señalado en diversas ocasiones que «la mayoría de los daños al ganado son atribuidos a los depredadores porque si no, no se cobran», apuntando a los perros domésticos incontrolados como el verdadero problema en muchas zonas rurales.
La situación se complica aún más por la hibridación. FAPAS advierte de que la mezcla genética entre lobos y perros amenaza la integridad de la especie en toda la región cantábrica, añadiendo una capa más de complejidad a una gestión que la organización califica de «caótica».
Un problema generalizado
El fenómeno documentado por FAPAS no es exclusivo de la cordillera Cantábrica. En España, el Parque Nacional de Doñana ha registrado episodios similares, y en Canarias la Asociación de Agricultores y Ganaderos (Asaga) denuncia ataques reiterados de perros asilvestrados que han dejado más de una veintena de cabras y ovejas muertas en explotaciones de Arafo (Tenerife), sin respuesta administrativa efectiva.
El origen del problema apunta siempre al mismo punto: la tenencia irresponsable y el abandono. Las protectoras de animales se hacen cargo de más de 100.000 perros al año en España, y la identificación por microchip sigue siendo insuficiente para controlar las poblaciones caninas que vagan por los montes. Mientras la gestión política del lobo acapara el debate público, la amenaza silenciosa de los perros sin control sigue creciendo en los ecosistemas más sensibles del país.
Entrevista en Cadena SER a Roberto Hartasánchez
Hoy hemos entrevistado a Roberto Hartasánchez, director honorario de FAPAS y uno de los naturalistas más veteranos, para hablar en profundidad de un tema tan complejo.
Escucha en el podcast la entrevista a Roberto en el espacio de ecología y medioambiente de Hoy por hoy en Cadena SER Madrid Norte / Madrid Sur. La realizan el experto en sostenibilidad y medioambiente Antonio Quilis y el director del programa radiofónico Nacho López Llandres.

